Sentir en lo más hondo cualquier injusticia (1)

Soldados cubanos y angolanos durante los años de la guerra contra Sudáfrica

 

Por Santiago Mayor. A 25 años de la victoria militar más importante de Cuba fuera de su territorio. Un repaso histórico del apoyo cubano a Angola y los pueblos africanos en su lucha por la independencia, la derrota del ejército sudafricano y la importancia de este hecho en el fin del régimen racista conocido como Apartheid*.

El 23 de marzo de 2013 se cumplen 25 años de la victoria cubana en la batalla de Cuito Cuanavale. Allí, tropas de la isla caribeña derrotaron al poderoso ejército sudafricano y le asestaron el golpe definitivo que los obligó a retirarse de Angola tras una década de atentados e incursiones militares en ese país. Además esa victoria permitió la independencia de Namibia y dio un golpe definitivo al Apartheid, régimen racista que culminaría con la llegada de Nelson Mandela al gobierno de Sudáfrica en 1994.

Cuba, sin pedir nada a cambio, envió a más de 200 mil hombres y mujeres a miles de kilómetros de su patria a defender la soberanía de Angola y dar un apoyo incondicional a los pueblos del África Austral que luchaban por su independencia. Esta es la historia de esa hazaña épica.

 

Capítulo 1: La invasión sudafricana a Angola y la primera victoria cubana

En enero de 1975 la República de Angola declaró su independencia de Portugal, la cual debía concretarse formalmente el 11 de noviembre. Sin embargo, en ese contexto y antes de la fecha señalada, se desató una guerra civil por el poder entre los tres movimientos que se habían enfrentado al colonialismo portugués: el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) cuyo máximo dirigente era Agostinho Neto, el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA) de Holden Roberto y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) de Jonas Savimbi.

El MPLA era una organización de orientación marxista en contraposición al FNLA y la UNITA que eran financiados y apoyados militarmente por Estados Unidos y Sudáfrica. A pesar de su orientación ideológica esto no le valió al MPLA, en el marco de la Guerra Fría, un apoyo de la Unión Soviética como creían muchos y difundía la prensa mundial. El movimiento de Neto, sin embargo, se encontraba en clara superioridad respecto a sus oponentes porque, tal como describía el jefe de la CIA en Angola, sus líderes y partidarios “eran más eficaces, mejor educados, estaban mejor entrenados y más motivados”.

Para impedir la victoria del MPLA, que era muy hostil al régimen racista del Apartheid y apoyaba a los movimientos de liberación del África Austral, el 14 de octubre de 1975 Sudáfrica invadió Angola con el visto bueno de los Estados Unidos. La guerra civil se convirtió en un conflicto internacional.

La resistencia del MPLA poco pudo hacer ante el avance del moderno y bien equipado ejército sudafricano que llegó a las puertas de Luanda, la capital. Pero por pedido expreso del entonces presidente Agostinho Neto, en noviembre de ese año, 36 mil soldados cubanos aterrizaron en Angola. Y, a pesar de su inferioridad numérica y armamentística, hicieron retroceder al ejército “de los blancos”.

El historiador sudafricano F.J. du Toit Spies sostuvo que “los cubanos casi nunca se rendían y, muy simplemente, combatían con alegría hasta morir”. El 27 de marzo de 1976 las últimas tropas sudafricanas abandonaron Angola, aunque volverían más temprano que tarde.

 

Capítulo 2: El internacionalismo de Cuba desafía a la URSS

Alguien dijo en sus memorias, hablando de la actitud de Fidel Castro respecto a Angola: “No podíamos imaginar que actuaría en forma tan provocadora, tan lejos de su país, a no ser que Moscú lo presionara para pagarle el apoyo militar y económico. Las pruebas hoy disponibles indican que fue lo opuesto”. Esta frase pertenece a Henry Kissinger, ex Secretario de Estado de EE.UU. y uno de los personajes más influyentes en la política internacional durante la Guerra Fría.

En contra del sentido común instalado, Cuba no envío a miles de ciudadanos a combatir en Angola contra un ejército extranjero por orden de los soviéticos. De hecho, en parte, lo hizo contra la voluntad de Moscú quién no envió apoyo logístico (ni hablemos económico o militar) a cubanos y angolanos hasta el 9 de enero de 1976.

Tampoco fue un acto de pragmatismo. Por aquellos años la Organización de Estados Americanos había levantado las sanciones impuestas a Cuba en 1964 y países como Inglaterra, Francia y Alemania Occidental ofrecían préstamos y ayuda para el desarrollo. Ante esta situación, la racionalidad hubiera indicado no involucrarse en un conflicto internacional que tensara las relaciones diplomáticas y comerciales. Sin embargo Cuba actuó por principios. El internacionalismo que caracterizó siempre a la Revolución Cubana fue el que motivó esta decisión que, a la larga, rendiría sus frutos.

La victoria cubana, como explicó el investigador de la Universidad John Hopkins de Washington D.C. Piero Gleijeses, tuvo un importante impacto psicológico no sólo en Angola si no en toda la región de África Austral. El analista militar sudafricano Roger Sargent lo describió de la siguiente manera: “En Angola, soldados negros derrotaron a las tropas blancas en combate (…) vencieron, están venciendo y no son blancos; se está desvaneciendo esa ventaja psicológica (…) el elitismo blanco ha recibido un golpe irreversible en Angola”.

El resultado inmediato de este hecho fue el retiro del apoyo estadounidense a Sudáfrica y el fortalecimiento de los movimientos de liberación nacional en Rhodesia (que a partir de 1980 pasó a llamarse Zimbabwe) y Namibia (país que se encuentra justamente entre Angola y Sudáfrica y estuvo ilegalmente ocupado por éste último).

Luego de la victoria los cubanos le plantearon al gobierno de Neto un plan de retiro gradual de las tropas durante tres años mientras el país africano conformaba las Fuerzas Armadas Populares para la Liberación de Angola (FAPLA). Los angolanos aceptaron pero pidieron a Cuba que sostuviera su ayuda humanitaria ya que el país había quedado devastado por la guerra y porque la mayoría de los técnicos y profesionales habían huido a Portugal.

Para finales de 1976 había más de mil colaboradores cubanos entre médicos, técnicos e instructores militares en Angola. Un año después, el delegado del país africano a la Asamblea Mundial de la Salud declaró que “la contribución más importante en el campo de la salud ha venido de Cuba sin que nos pidieran nada a cambio. Teníamos sólo 14 médicos, ahora tenemos más de 200”.

Continuará.

 

* Este artículo y los que continuarán esta serie de cuatro notas están inspirados en el ensayo “La causa más bonita: Cuba y África 1975-1988” del investigador de la Universidad John Hopkins de Washington D.C., Piero Gleijeses.

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